15 de marzo de 2010

Diario de un condenado

por Moreno

Prologo

Hace muchos años que no escribo, y unos cuantos mas los que no leo, he perdido contacto con toda trama de la realidad. Y es que ya no se lo que es la realidad. Espero que estas pocas palabras que formarán mi historia te sirvan para que no tomes el mismo camino que yo.

Hace muchos años cuando me conociste, querías saber más de mí, querías que te contara acerca de mi persona. Yo en esa oportunidad, así como en las siguientes, me negué a hacerlo. Ahora, que ya averiguaste un poco más de mi vida a través de otros y que nunca mas nos veremos nuevamente, quiero que conozcas mi historia a través de mi propio puño y letra, y te formes tu propio juicio. Y por el Dios que nos mira y cuida desde el cielo absoluto espero que me creas todo cuanto pondré acá.

No soy ese monstruo ni esa abominación del que muchos hablan. Sigo siendo tan humano como el día que nací. Y espero que todos sigan siendo tan humanos como yo en el final de los tiempos.

Todo comenzó unos cinco años antes de que yo naciera. Mi familia era realmente pobre. Sumida siempre en una crisis constante por la falta de dinero, pero no de oportunidades. Mi padre trabajaba bastante bien como gerente regional en el Banco Nacional, pero el alcohol pudo más y perdió cuanto había acumulado durante los años. Las mujeres y los amigos lo habían hecho despilfarrar todo su dinero, mientras mi madre y mis hermanas sufrían por el hambre y la soledad. Pero aún así tenían un techo bajo el cual dormir, y si bien no era acogedor, era algo. De un modo u otro ella se las arreglaba para apoyar a sus hijas y tenerles alimento diario. Nada parecía que podía empeorar la situación. Pero mi padre siempre podía sorprender. Fue cuando comenzó a llevar las mujeres de vida fácil y a sus amigotes de parranda al hogar, que mi madre ya no soporto mas la situación.

Si rezar a Dios cada día en la iglesia no ayudaba, debía de rezar a alguien más, a alguien que siempre estaba dispuesto a escuchar y a ayudar al necesitado. Y lo que hizo fue aquello que marco mi vida.

Cada noche antes de dormir, ella le imploraba a Lucifer.

Plegaria tras plegaria. A ella nadie le enseño a rezar al diablo, pero estas palabras simplemente le llegaban a su mente y ella las repetía. “por favor que mi marido no beba mas alcohol, y danos dinero para sobrevivir” sollozaba cada noche. No fue mucho el tiempo que debió pasar para que este demonio le respondiera, y digo “este” por que existe muchos, pero muchos mas.

Una fría noche, el primer día de la última semana del mes de junio, un extraño golpeo la puerta y le ofreció a mi madre todo lo que ella había estado pidiendo. Ella acepto encantada y a cambio le entrego su alma, pero el misterioso la rechazo. A cambio le pidió el alma del próximo hijo varón que concibiera. Mi madre, que ya estaba entrando en los años de dejar de ser fértil y que hacia mucho tiempo que no era tocada por mi padre era muy difícil que quedara embarazada nuevamente, así que ella acepto.

Mi padre dejo de beber la noche siguiente debido a una cirrosis hepática que le habían provocado los años de jarana. A los pocos días unos tíos de ella fallecieron trágica mente en un incendio, dejándola como albacea de la herencia de mis primas hasta que estas fueran mayores. Mi familia se mudó a una de las casonas que tenían que cuidar en el campo. Una mansión gigante con docenas de habitaciones, criados, animales, e inclusive un lago dentro de la propiedad. La menor de mis primas murió ahogada tratando de alcanzar una flor acuática para mi madre, pero resbaló del muelle del lago y se golpeó la cabeza antes de caer al agua. La otra falleció camino a la escuela atropellada por un carruaje.

Ahora la fortuna pertenecía a mi madre.

Sin duda alguna que se fue cumpliendo todo lo que ella había pedido y se le había prometido.

Espero que hasta este punto entiendas cuanto había sufrido ella por tratar de proteger a mis hermanas, para que se pueda comprender por que hizo lo que hizo.

Bueno, todo se había cumplido, salvo la parte en que ella tenía que pagar. Y sin duda fue lo peor que pudo haberle pasado.

Una calurosa tarde de verano mi padre, me cuesta mucho llamarlo así, mi padre llego a casa, drogado con opio y acompañado por tres amigotes. Después de obligarla a fumar de la droga que habían llevado, mi padre se fue con ella a la habitación por la fuerza. Cuando ella despertó se dio cuenta que había sido abusada por él mientras dormía. Aunque no sacaba nada con reclamar puesto que el yacía muerto a su lado con un puñal atravesado en la espalda. Al ir a ver a mis hermanas comprobó que ellas estaban azules sobre sus camas, y con la mirada perdida, los golpes en sus caras eran bastante claros, y sus ropitas rasgadas y manchadas de sangre indicaban que las tres habían sido abusadas. Todo le había sido arrebatado. La vida de su marido, la de sus hijas.

Pero algo había obtenido a cambio de toda esa desgracia.

Yo estaba por nacer.

Aún así, yo sin tener conciencia alguna de lo que es la propiedad, ya iba a ganar y a perder algo.

No se si fue por mi o por ella misma, pero mi querida madre, Éster, se recluyo en un convento y rezo todos los días. Nunca supe si pedía perdón para ella o para que yo conservara mi alma.

En todos estos años no te puedo decir si aún la poseo o si ya me la llevaron. Solo se que me gane la compañía de algo. Todo este momento que he estado escribiendo he sentido su presencia, como leve suspiro en el cuello, un respirar sobre la oreja, como un roce sobre la falda, y cada vez que volteo a mirar a mis espaldas creo ver una sombra en algun rincon de mi habitación.

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