No llores por mí, amigo mio, y no mientas diciendo que no lo harás puesto que desde mi lecho moribundo te puedo escuchar.
Es mucho el tiempo que hemos pasado juntos desde que nos conocimos, crecimos juntos, jugamos y reímos... a los dos nos castigaban, pero también nos premiaban.
Pero la muerte tocó antes a mi puerta y no me hubiera gustado que fuera de otra manera, yo ya tuve mi oportunidad de ser feliz, y lo fui.
Me hubiera gustado mucho conocer a tus hijos y verlos crecer como te vi a ti, pero Dios quiso otra cosa.
No te preocupes por mi angustia y mi pesar, tu sabes que el dolor vence hasta el mas fuerte de los cuerpos y si me tengo que quejar déjame, que así me alivio un poco. Déjame recordarte feliz, déjame recordarte alegre.
No te culpes por la decisión que has tomado, es lo mejor para mi... ya no quiero sufrir.
Se que mas tarde que nunca conocerás a otro amigo como yo, y quizás me olvides, y lo comprendo, como tu amigo tampoco te quiero ver sufrir...
Tan solo sonríe y guárdame en tu corazón, que desde el cielo te seguiré cuidando.
Tu fiel amigo...
12 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario